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Los guardianes de la salud

¿A cuánta información somos expuestos diariamente? 105,000 palabras o 23 palabras por segundo en un lapso de doce horas. Considerando imágenes, videos, juegos, etc., alcanzamos un promedio de 34 Gigabytes de información por día. Según un estudio, realizado por investigadores de la Universidad de California-San Diego, realizado por Roger Bon y su equipo de expertos

¿A cuánta información somos expuestos diariamente? Según un estudio de investigadores de la Universidad de California-San Diego, realizado por Roger Bon y su equipo de expertos, nuestro cerebro recibe 105 mil palabras o 23 palabras por segundo en un lapso de doce horas. Considerando imágenes, videos, juegos, etc., alcanzamos un promedio de 34 Gigabytes de información por día. Noticieros, radio, revistas, libros, periódicos, espectaculares, redes, televisión e internet.

¿Y qué información conocemos acerca de nuestros alimentos? Una búsqueda cualquiera de las siguientes palabras; nutrición, alimentos, comida, dieta; nos produce entre 900 millones a mil millones de resultados en medio segundo. Si le dedicáramos un segundo para leer cada resultado, ¡tardaríamos más de 28 años en terminar la lectura!

¿Necesitamos saber tanta información acerca de comida? Sabemos que la alimentación es necesaria para vivir. Nuestro cuerpo requiere alimentos para funcionar. En otras palabras, es una necesidad fisiológica. El cuerpo humano requiere de nutrientes y energía para todos los procesos diarios, aun cuando estamos dormidos. Suena bastante sencillo el concepto. Después de todo, hemos sido comparados con máquinas y las máquinas requieren combustible para funcionar. Entre más conocemos del combustible, seguramente funcionara mejor la máquina.

¿Qué dice la ciencia? Algunos años atrás (2012), Lancet publicó un estudio realizado, en gran parte con el financiamiento del hombre más rico en el mundo, Bill Gates y su fundación (Bill & Melinda Gates) titulado “The Global Burden of Disease Study” [2], el estudio de la carga global de enfermedad, que llegó a convertirse en el análisis más comprensivo y sistémico de las causas de mortalidad. ¿Por qué mueren las personas y qué causa su muerte? El estudio fue exhaustivo, reuniendo a más de 500 universidades en más de 50 países y analizaron más de 100,000 bases de datos. Imagínate cuántas personas se enferman y mueren cada año por hábitos diarios, como el comer carnes procesadas (como “hot dogs”, jamón, tocino) o tomar soda (800,000 y 291,000 respectivamente). Efectivamente la causa principal en el mundo, enfermedad del corazón (isquémica), es causada por los alimentos que se consumen. Al parecer la información nos está haciendo mucho más daño que la ignorancia.

¿Cómo llegamos hasta este punto en la historia teniendo tanta información?

Vamos a regresar el tiempo hasta el principio. Mucho antes que Hipócrates declarara que los alimentos deberían de ser nuestra medicina y que nuestra medicina debería de ser nuestro alimento, tenemos la primera historia escrita de la alimentación. En la historia de la creación Dios le dio al hombre y mujer una indicación específica de cómo debían alimentarse (Génesis 1:29). Hoy sabemos, que el consumo de frutas pudiera salvar a 4.9 millones de vidas por año. ¿Frutas? ¡Sí frutas!

Una acción tan sencilla y con resultados tan complicados. El alimentarnos puede salvar nuestras vidas o causar la enfermedad y muerte. La alimentación, una acción fisiológica que se define como el consumo de alimentos, la cual es una ciencia de la salud aplicada, que conocemos como nutrición. La Organización Mundial de la Salud, define la nutrición como la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo. En otras fuentes de información encontramos que la nutrición se define como la incorporación y la transformación de materia y energía para que los organismos puedan llevar a cabo tres procesos fundamentales: mantenimiento de las condiciones internas, desarrollo y movimiento.

El primer estudio de la nutrición se dió en situaciones limitadas. En 1747, el cirujano naval James Lind andaba en la búsqueda de una cura para el mal que afligía a los pobres marineros, quienes en altamar, sufrían continuamente de escorbuto. El escorbuto, escribió Lind, causó más muertes entre las flotas británicas que las armas francesas y españolas. Seguramente, Lind había estudiado el trabajo previo de Woodall que había propuesto que el escorbuto era una deficiencia de la vitamina C y sus efectos sobre el cuerpo. Lind decidió intentar un experimento, aplicando una dosis de 2 naranjas y un limón diario, para un grupo de marineros. Después de 6 días, y aunque no pudieron terminar el experimento por falta de fruta, los marineros mostraron tanta mejoría que fueron enlistados en su trabajo diario. Por primera vez en la historia, existía un ensayo clínico registrando el alimento como medicina. La aplicación de la nutrición inició con el estudio de una deficiencia y ahora nos encontramos en una de las peores etapas de salud atribuible al exceso. El mexicano es afligido por sobrepeso y obesidad, glucosa elevada en la sangre, hipertensión, isquemia e insuficiencia renal. Una situación trágica para un país con una tradición alimentaria tan rica.

En México contamos con una riqueza culinaria que es tan antigua como nuestras primeras civilizaciones. Sin embargo, es difícil medir cuánto aprecia y conoce de esta riqueza nuestra gente. Cualquier conocedor de la comida italiana no se pudiera imaginar los platillos suculentos sin pensar en el robusto sabor del tomate, pero no es italiano. Así mismo, pensamos que los suizos disfrutan del mejor chocolate en el mundo, pero tampoco pueden apropiarse de él.

México es exportador mundial de tomate, cacao, aguacate, chiles y vainilla, entre otros alimentos del intercambio Colombino. Antes de que empezáramos a importar 80% del maíz, sabíamos un poco de las tortillas. Y la lista sigue. Pero cada metro cuadrado de tierra que usábamos para las milpas de frijol, calabaza y maíz, lo cambiamos por modernización y rascacielos. Dudo que muchos ciudadanos se acuerdan la rica tradición como el amaranto, la papaya, las calabazas, frijoles y cacahuates.

Tan alejados del ideal que alguna vez fue la riqueza de la cocina mexicana, ahora nos encontramos en la peor crisis de salud pública de la historia moderna y sin la habilidad de encontrar una vacuna o un freno para la infección.

La pregunta que deberíamos de hacer NO es cómo llegamos aquí, sino cómo podemos salir, y es que mientras algunos esperamos con ansias evidencia científica de lo que deberíamos de comer, la verdad es que como humanos nos encantaría descubrir cómo esquivar las consecuencias de nuestros malos hábitos

Nuestro país celebra hoy la gran labor del nutriólogo en el Día Nacional del Nutriólogo. Un momento para tomar pausa y reconocer el servicio abnegado de miles de profesionales de salud que aportan en la difícil tarea de ayudar a nuestros ciudadanos en sus hábitos alimenticios. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en México existe un déficit de especialistas en nutrición ya que existen un promedio de 2.4 nutriólogos por cada mil habitantes. El nutriólogo del día de hoy, debe de ser competente como epidemiólogo, clínico, educador, promotor, investigador y publicador. Debe de ser perseverante, creativo, compasivo e impulsar políticas públicas a favor de su prójimo aun en contra de la industria de comidas y bebidas chatarras que atentan en contra de la salud de todos los habitantes. Nunca antes en la historia hemos necesitado tanto su aportación y hoy le dedicamos un día para reconocerles como guardianes de la salud.

Para escribir este artículo, el Mtro. Jasón Aragón, director de la Maestría de Salud Pública de nuestra @unimontemorelos, usó las siguientes referencias:

Bown, Stephen R. (2003). Scurvy: How a Surgeon, a Mariner, and a Gentleman Solved the Greatest Medical Mystery of the Age of Sail. New York, NY: St. Martin’s Press. ISBN 0–312–31391–8

Cabrera Padilla, Antonio María; Sanz Esteban, Miguel; Bárcena Rodríguez, Jesús (2011). «La organización del cuerpo humano». Biología y Geología 1. San Fernando de Henares: Oxford University Press. p. 5. ISBN 9788467364446.

Lim SS, Vos T, Flaxman AD, et al. A comparative risk assessment of burden of disease and injury attributable to 67 risk factors and risk factor clusters in 21 regions, 1990–2010: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2010. Lancet. 2012;380(9859):2224–60.

Greger, M.& Stone, G. (2015). How Not to Die: Discover the Foods Scientifically Proven to Prevent and Reverse Disease. S.l.: Flatiron Books.