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Dos son mejor que uno…

No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo. Albert Camus

El desarrollo de la humanidad siempre ha estado ligado a la manera en que nos vinculamos y socializamos con nuestros iguales. Todo el concepto del yo social se ve influenciado por la manera en que otros nos perciben, nos definen, y por las diversas maneras en que entablamos niveles comunicativos.

Esta forma de actuar es una manifestación clara de cómo el Creador dotó a la humanidad con una cualidad única: la empatía, esa capacidad de lograr colocarse en el lugar de otros permitiéndonos entablar y sostener relaciones de afecto duraderas y honestas a lo largo de la existencia.

La biblia, como un libro profundamente cercano y personal en la vida de millones, da variados escenarios sobre el significado profundo de conceptos tales como el amor, la amistad, la paz, y cómo pueden llegar a afectar nuestras vidas; por ejemplo, el versículo de Proverbios 17:17 que recalca el impacto de los amigos al declarar: el amigo ama en todo tiempo y en tiempo de angustia es como un hermano.

amigosTambién el texto bíblico hace referencia a las ventajas de saber valorar la compañía, la amistad y el amor que se genera entre las personas;en textos como San Juan 15 menciona: “Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros, como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos […]” ¿De dónde reside tanta insistencia en que seamos seres sociales de conductas amigables? Simple, Dios es un Dios de amor, como lo declara 1 Juan 4:7 “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios”.

En definitiva, el saber procurar y mantener estados de amor y amistad con otros en la vida diaria, refleja una parte del carácter de Aquel que nos ha amado desde el inicio de los tiempos y que desea un desarrollo social pleno para todos.

De igual forma, los estudiosos que se han dedicado a investigar las formas en que las relaciones y vínculos que formamos nos afectan, anuncian los beneficios de saber desarrollar las capacidades sociales y colectivas que poseemos en las redes sociales que formamos, resultando en grandes beneficios psicológicos y fisiológicos por las conexiones de apoyo que construyen. Efectos antidepresivos, aumentos en la productividad y mayor resistencia inmunológica, son algunos de los beneficios que existen al abrirnos a la posibilidad de mantenernos conectados a través de actos de amor y amistad sincera.

tecnologiaEn una época tan desarrollada tecnológicamente, es muy fácil trasladar los vínculos sociales a nuevos espacios virtuales que los agilicen, deshumanizándolos en algún porcentaje. La vida occidental tan acelerada en términos de competencias económicas, puede provocarnos un falso sentido de amistad al mercantilizar los afectos. Puede que en determinados momentos de la vida, lleguemos a ver a las personas que nos rodean como mercancías que se incorporan a los activos y capitales de la existencia. Sobra decir que este pensamiento tarde o temprano nos aleja de ser capaces de producir y recibir un amor real, genuino y no patológico.

Al final de la vida, cuando las fuerzas de la juventud abandonan el cuerpo, una de las mayores ideas que reconfortan al espíritu de cada uno, será la calidad de los vínculos afectivos que se llegaron a conservar: las amistades sinceras y los amores cultivados. Es sumamente sabio reconocer que dos son mejor que uno, porque permite entender que tanto las carencias como la plenitud no deben ser contemplación de cada uno, sino compartidas, celebradas y reconocidas (Gálatas 6:2). El que es amigo debe mostrarse como tal y el que ama es porque ha conocido a Dios.

familiaConsiderando estas ideas es vital para el pleno desarrollo de la vida que nos mostremos en actos de amistad hacia nuestros prójimos, reconsiderando que todos necesitamos ser escuchados, amados, reconocidos, valorados y protegidos. No sólo por deberes civiles, sino por el deseo de la humanidad de prosperar en colectividad. “¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía!” (Salmo 133:1).

Escrito por Mario Vázquez, profesor de Música y Educación en la Universidad de montemorelos