Blog | El tren de la vida
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El tren de la vida

Todos tus sueños se pueden convertir en realidad si tienes el coraje de perseguirlos (Walt Disney)

Esta es la historia de Carlos, un joven recién egresado de la universidad que está parado en la estación del tren de la vida. Este tren tiene muchos vagones y mientras más cerca está el vagón al frente del tren, mejor vagón es. Carlos está parado afuera de las puertas de la estación listo para subir e iniciar el viaje de su vida, y está muy ansioso porque ha escuchado que el primer vagón es el más cómodo y amplio, por lo que quiere asegurarse un lugar de primera. Al mirar a su alrededor, se da cuenta que está llegando mucha gente a la estación, todos intentando subirse al primer vagón o por lo menos dentro de los primeros. Carlos empieza a sentir presión, se da cuenta que no todos los que quieran entrar al primer vagón lo van a conseguir. En su desesperación, empieza a preguntar cuánta gente cabe en el primer vagón, cuánta gente cabe en el segundo, tercero, empieza a contar a la gente que está esperando y hace algunos cálculos. Piensa ¿será que voy a poder conseguir un buen vagón?

Se abren las puertas de la estación y se anuncia que el tren está por llegar. Rápidamente todos corren a la primera puerta, la puerta de entrada al primer vagón, y de alguna manera consigue estar enfrente de la fila. Con una sonrisa y su cara llena de satisfacción, recorre con sus ojos a toda la gente que espera el tren. Se da cuenta que mucho son mayores que él, algunos otros son recién egresados como él, y unos pocos son niños y jovencitos que lentamente caminan hacia los últimos vagones. De repente, llega un oficial de gran estatura y se para enfrente de todos y hace este anuncio: “antes de entrar por las puertas que los llevarán a los vagones, asegúrense que cuentan con los requisitos del vagón al que quieren subir, los pueden leer en la parte superior de cada puerta.” Horrorizado, voltea a ver la interminable lista de requisitos que debe tener para subir al primer vagón.

En la puerta se puede leer: para subir a este vagón debes tener disciplina, constancia, elocuencia, mente estratega, inteligencia social, conversación de actualidad. Además, debes ser buen comunicador, emprendedor, resiliente, positivo, seminarista, discursante, amigable, trabajar en equipo. Indispensable título académico. No intentes subir si te falta alguna.

Le parece muy extraño que la mayoría de los requisitos no tenían que ver con las materias que había cursado para obtener un título universitario. Sí, tener un título era uno de los requisitos, pero había muchos más. De repente, de reojo ve a un joven como el, que iba cambiando de fila, cada vez más cerca al primer vagón. Finalmente llega hasta donde Carlos está parado y con una sonrisa le dice — hola, buenos días, ¿tú también subirás al primer vagón? — . Carlos se queda mudo, no sabe qué decir. Finalmente dice: — quería subir al primer vagón, pero al leer la lista, veo que no cumplo con todos los requisitos y, a decir verdad, pienso que nadie los tiene, ¡son muchos!” — El otro joven se le queda viendo y le dice — yo sí los tengo, algunos mejores que otros, pero creo completar la lista — . Incrédulo, Carlos se le queda viendo y le pregunta — ¿cómo los obtuviste? — El joven sonríe y contesta, — bueno, en mi familia no tenemos mucho dinero, así que, me tuve que costear mis estudios… — Carlos interrumpe — mi familia tampoco tiene mucho dinero y también trabajé muy duro durante toda mi carrera… — Entonces el otro joven le dice: — Yo no sólo trabajé durante mi carrera, en todas las vacaciones salía a vender literatura, de casa en casa, de empresa en empresa, y mientras pasaba el tiempo me daba cuenta que ganaba habilidades que no veía en la escuela, pero no le tomaba mucha atención. Ahora que veo estos requisitos para entrar al primer vagón, veo cuánto valió la pena entrar en esas actividades, se llama Colportaje. — Carlos entiende lo que estaba pasando y dice: “sí, ya sé de qué hablas… me invitaron varias veces, pero no quise hacerlo, tuve miedo y pensé que era mejor ir a lo seguro, aunque no pagaran tanto, pero por lo menos tenía ese poco asegurado…”

Lentamente Carlos camina buscando una puerta hacia el vagón del tren en donde solo le pidan las herramientas académicas que obtuvo en su carrera.

Historia escrita por Oscar Castillo, director de coros, maestro en la Escuela de Música, y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.