Blog | Incansable, desvelada, generosa, siempre dispuesta, amorosa, cuidadosa…
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Incansable, desvelada, generosa, siempre dispuesta, amorosa, cuidadosa…

O lo que es lo mismo… MAMÁ…

Se dice que cierta ocasión, en algún momento de la eternidad, se celebraba un concilio celestial donde se deliberaba cómo cuidar al hombre, ese nuevo ser creado por Dios que habría de poblar la Nueva Tierra. Hubo un gran debate, pero al final todos los ángeles esperaban el comentario de Dios. Finalmente, el Creador del universo se pronunció: «No os turbéis queridos ángeles, yo hice del hombre una obra maestra y, para que no esté desamparado y sea vulnerable, le enviaré un ángel muy especial a su lado. Éste se encargará de alimentarlo, protegerlo y cuidarlo en todo momento, pero no sólo eso, este ángel será tierno y amoroso; hará más humano al hombre y le revelará el gran amor que yo siento por él de una forma más experimental. En este ángel estará encarnado el amor abnegado y sacrificial que yo poseo, a tal grado que si es posible estará dispuesto a morir por él».

— ¿Quién es este ángel?, ¿Cómo se llama? — Preguntaron los ángeles atónitos.

— Se llama madre y es el regalo más bello que le hago al hombre — declaró Dios.

Así es, estimados amigos, cada ser humano que tiene el privilegio de conocer a su madre, reconoce y sabe que en ella encontró el rostro de Dios por muy adversa que haya sido su vida, porque la presencia de una madre en la vida de todo hijo, suaviza toda dificultad, es un bálsamo refrescante que alivia en tiempos de calor, es la brisa de mar que golpea el rostro en un atardecer, es la luna que brilla en medio de la profunda oscuridad; ella siempre fue y será un ángel consolador mientras padecemos en este mundo dolor y tristeza, de manera que «bienaventurados aquellos que poseen una madre, porque ellos serán consolados». Y cuando ella se vaya y deje este mundo, su influencia permanecerá en el corazón noble y tierno que nos heredó.

Entiendo que, mientras vivamos en esta tierra, nada será perfecto y que es posible que algunas personas carezcan de un recuerdo agradable de sus madres, pero hoy yo no quiero hablar de eso. Hoy sólo quiero recordar y celebrar lo maravilloso que ha sido este ser angelical en nuestras vidas. ¿Recuerdas aquellos momentos que iba sigilosamente a tu recamara, te abrazaba y lloraba contigo? ¿Recuerdas aquellos días difíciles cuando, por alguna razón, no había qué comer y ella prefería no hacerlo con tal de que tú te alimentaras? ¿Recuerdas cómo lloró por ti cuando decidiste marcharte a la universidad? ¿La llegaste a ver mientras oraba en la madrugada por ti, para que dejaras los malos caminos y volvieras a Dios? ¿Evocas el día cuando te envió un poquito de dinero para que pudieras salir adelante con tus gastos? ¿Tienes memoria de aquellos días en que ella trabajó diariamente, vendió terrenos, casas y propiedades para ayudarte a pagar la colegiatura? ¿Recuerdas aquellos días cuando tú eras rebelde y le contestabas con duras palabras, a pesar de sus súplicas y exhortaciones de amor para que anduvieras en los caminos de Dios? ¿Te acuerdas cuando te defendió ante el ataque de personas que deseaban hacerte daño?

Al hacer un balance final, no sólo queda alabar a Dios por este inmenso regalo que Él nos dio, sino buscar a nuestra madre y agradecerle por todas sus bondades, y por amarnos incondicionalmente.

Sí, tal vez tu mamá se equivocó y cometió errores, pero ¿quién no lo ha hecho? ¿O acaso tú nunca te has equivocado? Lo importante no es la perfección, sino la gracia y el perdón. Por lo tanto, ve y abrázala, pídele perdón porque no la has comprendido; dale un beso y dile que la quieres y estás orgulloso de ser su hijo. Vela por ella en su vejez y no la desprecies. Ten el privilegio de estar con ella cuando más lo necesite y nunca dejes de darle cariño, de tal manera que cuando llegue al final de su vida y Dios te dé el privilegio de despedirte de ella, le puedas decir antes de que cierre sus ojos:

Gracias mamá por el hermoso regalo de tu presencia.
Gracias mamá porque en ti vi y conocí al Dios de la Biblia.
Gracias mamá porque tu ejemplo me ayudó a ser más humano y tierno con mi prójimo.
Gracias mamá por sacarme adelante y ser lo que soy.
Gracias mamá por creer en mí cuando nadie creía.
Gracias mamá por ser lo que eres .

Recuerdo aquél día que estuve en el hospital, mientras mi madre iba en camilla a la sala de operaciones, para extirparle un tumor maligno de su vientre. Antes de entrar y ser intervenida, me tomó del brazo y me dijo: «¡Hijo! ¡Hijo!, te encargo a tu hermano, no lo dejes, haz todo lo posible para que vuelva a Dios, sólo eso te pido. Te amo». Sí, hasta el último día, mi madre reflejó el amor y la ternura de Dios. Y yo le doy gracias a Dios por poder ver su rostro a través de mi madre.

Escrito por Pablo Partida, Licenciado y Maestro en Teología por la Universidad de Montemorelos, autor de Desafía tus Límites, Atracción peligrosa, y de su más reciente obra Cuando nada te satisface.