Blog | Las provisiones de Dios
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Las provisiones de Dios

Confiemos en que Dios nos mandó al lugar correcto y que Él espera que seamos una bendición para los demás.

Llevábamos dos horas caminando bajo el intenso y sofocante calor de Comalcalco, Tabasco; esa tarde estábamos visitando los hogares de una colonia, tratando de encontrar familias que tuvieran necesidad de las soluciones que nosotros ofrecíamos. Pasaron horas sin lograr que nos abrieran alguna puerta, estábamos hambrientos y sedientos, pero no teníamos el dinero suficiente para comprar comida. Encontramos una tiendita y entramos para comprar agua, sin embargo, salimos desanimados ya que sólo había refrescos y no nos alcanzaba. Cansados y un poco frustrados, nos sentamos en la calle para descansar un poco… un rato después, la dueña de la tienda salió para platicar con nosotros y nos preguntó a qué nos dedicábamos. Empezamos a conversar, nos invitó a pasar a la tienda y nos ofreció con qué refrescarnos totalmente gratis; en la plática le contamos que éramos un grupo de jóvenes de la Iglesia Adventista y, de pronto, ella empezó a llorar. Finalmente, supimos que llevaba un tiempo orando, pidiéndole a Dios que alguien la visitara pues tenía problemas delicados de salud y pronto tendría su cuarta cirugía, lo que la hacía sentirse triste, frustrada y derrotada.

Esa tarde, supimos que nosotros fuimos el consuelo que ella había estado esperando por tanto tiempo y empezamos a dar estudios de la biblia en su casa. Cada día, ella invitaba a más gente, primero su familia más cercana y luego sus amigos, hasta que se formó un grupo de 20 personas. Hoy, es una pequeña congregación que se reúne cada sábado y en la que cinco personas ya han sido bautizadas.

Sí, esa tarde calurosa nos sentíamos sin fuerzas, sin embargo, Dios fortaleció nuestro espíritu al ponernos en el camino de esta señora que necesitaba mucho más fortaleza espiritual que nosotros. Cuando no entiendas por qué te está pasando lo que te está pasando, voltea a tu alrededor, ya que hemos sido llamados para ser instrumentos de Dios en cualquier lado, a cualquier hora y de cualquier forma.

Este verano que está por comenzar, en el que muchos de nosotros saldremos a hacer un trabajo misionero para las familias mexicanas, confiemos en que Dios nos mandó al lugar correcto y que Él espera que seamos una bendición para los demás. Soy Itzel Santiago, tengo 24 años, estudio Enseñanza de las Ciencias Sociales y estoy lista para los retos que Dios ponga delante de mí este verano.

Itzel Santiago es estudiante de la Licenciatura en Enseñanza de las Ciencias Sociales en la Universidad de Montemorelos