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Internet, una herramienta para la misión

Admiraba con sorpresa la cantidad de manos que se levantaron cuando en el evento de comunicación al que asistía preguntaron: “¿Cuántos de ustedes tienen acceso a la world wide web?” Con mis ojos trataba de alcanzar ver sus rostros en la multitud, como intentando percibir la experiencia de esos privilegiados que a mi parecer eran muchos, quizá unas veinte personas en una audiencia de aproximadamente 500 asistentes. ¡Yo no tenía idea cómo era eso! Había escuchado de la nueva supercarretera de la información, del internet, de la triple “w”, pero yo, que había estudiado toda mi carrera universitaria sin utilizar una computadora y que ahora al iniciar mi experiencia profesional comenzaba a experimentar apenas con algunos programas básicos de diseño, no imaginaba si “navegar” en internet era como entrar a un mundo de códigos, palabras o imágenes.

Muy temprano en la década de los 90 me acostumbré al sonido de la conexión del modem, a las maravillosas ventanas de “Windows” y me convertí en un usuario experto del correo electrónico y de algunos rústicos motores de búsqueda. El tiempo pasó tan rápido que cuando menos pensé estaba incluyendo en mis presentaciones y en las clases con mis alumnos, datos del crecimiento exponencial del internet, del comercio electrónico, el periodismo ciudadano y la increíbles posibilidades de las redes sociales; con información de aquí y de allá hablaba de los números de personas que se añadían a Facebook todos los días, del lugar que podía llegar a ocupar esa y otras redes en la lista de “países” por la cantidad de “habitantes”, de los mundos virtuales y todas esas fascinaciones. Al leer cualquier revista especializada, continuar asistiendo a simposios y congresos de comunicación, era evidente que internet era el tema de moda, lo que vulneraba su misma capacidad de medio al convertirlo más en un tema de conversación y análisis.

Muy poco reflexionamos en esos orígenes, porque el apresurado desarrollo de la tecnología nos ha obligado a depender tanto de ella, que pareciera que siempre ha estado con nosotros. Y esa es una ventaja, porque en lugar de perder el tiempo en adularla y asombrarnos, tenemos la responsabilidad de utilizarla sabiamente.

Tomando como punto de partida la alegoría de Marshall Mcluhan, conocido teórico de la comunicación, que acuñó el concepto de que las tecnologías llegarían a ser considerados como extensiones de nuestro cuerpo, podemos reiterar que hemos llegado a ese punto, pues ya no pensamos en utilizarlas, sino que simplemente las usamos.

Desde esa y cualquier perspectiva, en medio de la vorágine de los cambios y desafíos donde las cosas y los métodos cambian, nuestra misión nunca cambia. Dios nos eligió a cada uno para servir, para enseñar y para compartir de Él, entonces todo lo demás son simplemente herramientas y por lo tanto oportunidades para enriquecer la experiencia y los resultados de nuestra misión.

Muchos usuarios de hoy en día, especialmente los jóvenes, se han convertido en consumidores del internet y las redes sociales, pero lamentablemente aunque todos tienen las mismas oportunidades, son muy pocos los que las aprovechan en producir contenidos y muchos menos en favor de nuestra misión.

Quienes somos migrantes en la era de la información tenemos la responsabilidad de ser como ventanas abiertas para conocer más de las nuevas herramientas y tendencias, pero al mismo tiempo de ser como espejos para los más jóvenes, donde podamos enseñar a los nativos digitales a reflejar una identidad sólida impregnada del carácter de Jesús en todo lo que se hace y se dice. A hacerlos recapacitar en las posibilidades de las nuevas herramientas en compartir mensajes positivos y de los inconvenientes que conllevan el ser consumidores pasivos.

Entre más utilicemos el internet como una herramienta misional y no como un mensaje para admirar, avanzaremos más en nuestra tarea de llevar esperanza a un mundo que tanto lo necesita.

Escrito por Abel Márquez, Director de Comunicación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el territorio de la División Interamericana.