Las cuestiones artísticas generalmente tienen un lugar reservado en las sociedades contemporáneas, sin embargo, es en la última década de este siglo cuando más énfasis se le ha puesto al papel que pueden desempeñar dichas artes en el contexto del fortalecimiento de una cultura por la paz y la empatía.

A nivel individual las artes reportan muchos beneficios como lo son: la mejoría en la concentración, el manejo del estrés, el manejo positivo de las emociones, desarrollo de la creatividad y mejorías considerables en la coordinación general del cuerpo. De estos aportes no queda mucho a discusión ya que las ventajas de un desarrollo artístico son incuestionables y de entre ellas la que destaca es la música.

A nivel individual, la música potencia el pensamiento lógico matemático, el equilibrio de los estados anímicos y, cuando se ejerce de manera grupal, produce empatía y sentido de pertenencia.

El desarrollo de estas sensaciones individuales se puede transportar al mundo social permitiendo que las personas fortalezcan sus habilidades sociales en la búsqueda de entendimiento entre aquellos que nos son diferentes y a los cuales nos conviene entender para un funcionamiento armónico de lo social.

La música en su dimensión de lo social, está siendo cada vez más un objeto de análisis por parte de las políticas económicas debido al alto grado de sinergia social que genera. Los sistemas orquestales infantiles que muchos países están replicando están permitiendo que un gran numero de infancias marginales estén teniendo acceso a actividades musicales de alto valor para sus historias de vida que a su vez les permitirán acceder a mejores oportunidades de crecimiento, reconciliando campos como la educación y las artes en un marco humanista.

Otra cuestión que se ha desmitificado es que el acceso al estudio de la música solo estaba reservado para las clases sociales más privilegiadas, esta cuestión muy de los siglos XVII y XVIII ha quedado rebasada por un entendimiento integral de la educación para la vida. No solo todas las personas pueden y tienen el derecho de ejercer la música como un espacio para vivirse y gozarse en su existencia, sino que ha dejado de ser un ámbito meramente infantil para convertirse en un escenario de aprendizaje continuo para todas las edades separándose así de los arduos entrenamientos musicales que ofrecían los conservatorios más tradicionales solo en edad infantil.

Los beneficios de hacer música en grupo ya sea en coro, conjunto instrumental, un pequeño ensamble vocal o solo el aprendizaje de un instrumento, ha generado mucho interés en los campos de la medicina que tratan de otorgar mayor calidad de vida a pacientes con Alzheimer o con algún traumatismo cerebral severo, al comprobar que el estimulo musical activa todas las áreas de cerebro y le permite a este órgano momentos de lucidez, permitiendo de esta manera que los pacientes recobren sus estados identitarios, capacidades lingüísticas, recuperación de recuerdos y habilidades motrices.

Los planes educativos, por su parte, han subestimado los aportes de la música como escenario didáctico y socializador; por ello, es momento de que los escenarios educativos consideren dar un lugar integral sin tibiezas a la educación artística en un diálogo más directo con los demás campos del conocimient0.

MusicaAsí que las aplicaciones musicales en beneficio de un desarrollo integral de las personas independientemente de su edad, origen social o trasfondo cultural es real y debe ser divulgado en todos los niveles. Que la música tiene una influencia específica en el cuerpo, lo sabemos desde hace mucho, no ha existido civilización sobre el planeta que no haya utilizado el lenguaje musical como un método didáctico y también como un poderoso agente de socialización.

En tiempos tan violentos como los que observamos a diario, el fomento de las actividades artísticas puede ser un gran aporte para fomentar la paz, la tolerancia y la empatía; valores que son repetidos con facilidad pero que ejercerlos resulta mucho mas complicado.