Tomemos conciencia de los entornos que estamos creando a través de nuestras ideologías, entendiendo que repercuten de manera directa en nuestro bienestar.

La actual pandemia por el COVID-19 nos ha provocado, a arquitectos y urbanistas, una serie de cuestionamientos en cuanto a nuestra labor de crear espacios; sin embargo, es importante decir que todos los seres humanos somos creadores de nuestro entorno. La historia del urbanismo indica que las primeras ciudades nacieron de manera empírica, a partir de necesidades de congregación y deseos de progreso. Con el paso del tiempo, el hombre pasó de vivir de manera aislada en zonas rurales, a vivir en zonas cada vez más aglomeradas que ahora llamamos ciudades. El nacimiento de las ciudades se asocia con la oportunidad laboral; con un desprendimiento de las actividades primarias (como la agricultura), para dedicarse a lo que -en ese momento- se consideraba el progreso, a través de la industria, la filosofía y/o el arte. Nada de esto fue predestinado por lo que ahora denominamos urbanistas, más bien, estas ciudades fueron dando forma a los cambios de ideología que como colectividad, el ser humano fue teniendo.

El trabajo del arquitecto y urbanista es, por lo tanto, observar con cautela la actividad e ideología humana, para poder dar cobijo a dicha actividad de la mejor manera posible. Al ver el estado actual de nuestras ciudades, nos cuestionamos: ¿Quién es el responsable tanto de las carencias, como las virtudes de nuestro actual entorno? y ¿Quién entonces es el responsable de cómo serán las ciudades en el futuro?

Quiero plantear un trabajo en conjunto, en el cual como colectividad hagamos más conciencia de nuestras ideologías para participar de manera más activa en la creación de nuestro entorno. Resulta una tarea bastante laboriosa y -hasta cierto punto- estéril, el querer, como arquitectos y urbanistas, imaginar y crear un cambio de escenario, sin el fundamento de un cambio de ideología que exija dichos cambios.

Lamentablemente, estos cambios de ideología suelen venir después de grandes catástrofes que evidencian las fallas de las ideologías actuales, demostradas a través de problemas que vivimos de manera espacial. El ejemplo que la historia nos da es muy parecido a nuestra situación actual. Durante la era industrial, en la que los recursos naturales comenzaron a ser explotados de manera nunca antes vista, y en la que las ciudades comenzaron a crecer de manera exponencial (dando pie al amontonamiento y a la pobreza citadina), surgieron los primeros intentos de planear ciudades, a partir del brote de la cólera en el Reino Unido; ya que se logró identificar que el brote de esta enfermedad surgió por las condiciones altamente insalubres de la ciudad, derivadas de una ideología de progreso a toda costa.

Cabe destacar que muchos de estos primeros planteamientos urbanísticos se dieron a partir de un cambio de conciencia de empresarios como George Cadbury, Robert Owen, Familia Krupp, Meunier y los hermanos Lever, que buscaban crear mejores condiciones de vida para sus trabajadores. Es en esta época que nació la ideología urbanística que está volviendo a sonar, gracias a nuestra situación actual: “La ciudad jardín de Ebenezer Howard”, que plantea reincorporar la naturaleza a nuestras zonas de vivienda. Hay otras ideologías urbanísticas que plantean esta misma premisa, pero menciono la de Howard porque sus motivos se parecen a los que podríamos tener actualmente.

A partir de esto, podemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Qué carencias de nuestras ideologías actuales, de nuestras decisiones pasadas, son ahora evidentes? ¿Qué resulta necesario erradicar o cambiar? y ¿Cómo estos cambios podrían traducirse en cambios tangibles a nuestro entorno?Un término que podría englobar los cambios que se pueden ver venir es la “salutogénesis” y, por lo tanto, el diseño salutogénico del espacio. La salutogénesis es un término del área de la salud que plantea el estudio de los orígenes de la salud versus el estudio de las enfermedades. Plantear diseños del entorno a partir de la salutogénesis, es pensar en cómo el entorno puede contribuir a la creación de la salud y el bienestar.

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La integración de la salutogénesis a las ciudades puede tomar varias formas, las que resultan más atractivas se acercan a las ideologías de Howard, sobre volver a tener un contacto más cercano con la naturaleza. Esta ideología viene ahora con intenciones más fuertes de volver a conectar la agricultura con la ciudad, aspecto que por mucho tiempo ha llegado a tener un tono despectivo, por pensarse que es volver a tiempos contrarios al progreso. Sin embargo, nuestra actual relación con la industria alimentaria posee muchos problemas dañinos para nuestro planeta y para nuestra salud.

El actual esquema está basado en monocultivos masivos que son altamente dañinos a las propiedades naturales del sustrato y que dependen de grandes traslados para hacer llegar los alimentos a las ciudades. El cultivar nuestros alimentos más cerca de casa plantea el aumento de policultivos, una mitigación en los traslados a través de medios de transportes poco sustentables, y la disminución de uso de químicos inorgánicos para que nuestros alimentos sobrevivan dichos traslados. Más allá de los beneficios a nuestro planeta, los beneficios personales de cultivar nuestros propios alimentos nos ofrecen una conciencia aumentada de lo que consumimos, la posibilidad de comer alimentos más nutritivos, la oportunidad de realizar ejercicio físico y tener un acercamiento terapéutico con la tierra.

Es interesante notar cómo esto apunta a sanar la brecha entre lo rural y lo urbano que tanto caracterizó el inicio de las ciudades. Observar esto puede ayudarnos a reflexionar sobre qué más hemos perdido a través del tiempo que puede ser recuperado e incorporado a nuestras ciudades. También podemos pensar en qué íconos del “progreso” deben ser repensados para no llegar a ser monstruos industriales que dañan nuestros recursos naturales y nuestra salud integral. Algunos ejemplos que vienen a la mente son nuestros actuales medios de transporte, la construcción enfocada en la creación de riqueza -olvidando las premisas de la sustentabilidad-, nuestras fuentes de energía principales y los esquemas actuales de creación de productos que producen cantidades masivas de desechos.

Definitivamente estamos en un punto crucial, en el cual es muy importante cuestionar lo que hasta ahora se ha hecho en nuestro entorno. Kenneth Frampton, arquitecto y escritor inglés, planteó que nosotros creamos nuestros espacios para que después ellos nos moldeen a nosotros. Tomemos conciencia de los entornos que estamos creando a través de nuestras ideologías, entendiendo que repercuten de manera directa en nuestro bienestar. Planteemos ciudades que beneficien nuestra salud y no esperemos a ver grandes cambios en los demás, ya que si cada uno de nosotros trabajamos en nuestros propios cambios de conciencia, podremos lograr un cambio colectivo de ideología que, eventualmente, pueda dar nacimiento a entornos mucho más atractivos y beneficiosos para todos.


...Entrada escrita por Daniela Arvizu, quien es arquitecta y se desempeña como docente en la carrera de Arquitectura de la UniMontemorelos