Cuando dejé México, en el año 2011, nunca imaginé que Dios me llamaría a servirle en lugares tan diferentes y distantes y que, además, ser misionera se convertiría en una parte tan importante de mi vida.


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En Nepal

Cuando mis padres tomaron la decisión de ser misioneros en India, me surgió el deseo de acompañarlos y realicé todo el proceso para trabajar en la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales-ADRA de este país, en el área de comunicación. Reconozco que en ese momento pensé que esa posibilidad podría estar muy lejana, pero Dios arregló todo para que se volviera realidad en tan solo unos meses.


Los cinco años que trabajé en ADRA India tuve la oportunidad de servir a Dios y compartir su amor con los más necesitados. Al integrarme a la obra humanitaria, aprendí a convivir y apreciar a personas con una cultura y cosmovisión diferentes a la mía. Estando en India, Dios también me permitió conocer a quien hoy es mi esposo, Varun Lall, quien también trabajaba en ADRA. Aun cuando él y yo crecimos en distintas áreas geográficas, nuestra visión de servicio misionero humanitario nos unió en un propósito de vida.


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Nepal, 2014


Después de terminar nuestro período de trabajo en India, Dios nos mostró un plan diferente para nuestras vidas… mi prometido recibió una invitación para trabajar con ADRA Tailandia. Con escasa información de todo lo que implicaba ir a ese país, y después de mucha oración, decidió aceptar la invitación. En enero del 2017, días después de nuestra boda, nos embarcamos hacia nuestro nuevo hogar en Chiang Mai, una ciudad ubicada al norte de Tailandia. En este país, Dios nos dio la oportunidad de compartir con otros de su amor y de trabajar por nuestra iglesia adventista; además, conocimos a gente maravillosa que se convirtió en parte de nuestra familia. No todo fue fácil, pero aún en los momentos de dificultad, Dios nunca nos dejó solos y proveyó para todas nuestras necesidades.

Recuerdo particularmente un sábado en que salimos con algunos jóvenes de nuestra iglesia a realizar unas visitas misioneras y, mientras íbamos en el camino, nos dimos cuenta de que nuestro carro tenía muy bajo el nivel de gasolina. En ese momento, oramos a Dios pidiendo que nos ayudara a llegar a nuestro destino, ser de bendición para las personas que visitaríamos y poder regresar sin tener que comprar gasolina. Gracias a Dios así fue, pudimos ir y regresar sin ningún problema y yo comprobé, una vez más, que Dios vela por cada una de nuestras necesidades. Mientras viví en Tailandia, en varias ocasiones oré a Dios para que me diera la oportunidad de usar mi preparación académica para servirle y mi oración fue respondida al poder trabajar (a distancia, por internet) para la iglesia adventista en Canadá, diseñando para la revista adventista de ese país con propósitos evangelísticos.

Después de vivir en Tailandia por más de dos años, el Señor nos abrió una nueva oportunidad de servicio para trabajar con ADRA Siria en la ciudad de Damasco. Era una decisión difícil porque Siria enfrenta el desafío de la postguerra, sin embargo, después de orar y de analizar la situación tomamos la decisión de aceptar el llamado. En Damasco, día a día enfrentamos diversos desafíos, pero estamos seguros que nunca hemos estado solos. En cada momento, Dios nos ha sostenido, nos ha protegido y nos ha dado la fortaleza necesaria para cumplir con la misión encomendada.


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Nepal, 201

Nunca imaginé lo que estaba iniciando cuando dejé México en 2011. Dios me ha dado oportunidades y bendiciones que hasta el día de hoy me asombran; ser misionera ha sido una experiencia enriquecedora y de grandes satisfacciones. Sé que aún hay mucho por hacer y Dios continúa buscando jóvenes dispuestos a servirle, sólo debemos estar seguros de que cuando ponemos nuestros planes en sus manos y buscamos compartir de su amor con otros, Él hará cosas que ni siquiera nos imaginamos.



Autor

Escrito por Vanya García, egresada de la Lic. en Ciencias de la Comunicación de la UniMontemorelos.