Después de 50 años de que la humanidad decidió hacer un esfuerzo para preservar nuestro ambiente, es constructivo reflexionar sobre nuestro planeta y nuestro rol como sus mayordomos.

Este 22 de abril se cumplen 50 años desde que un grupo de personas, preocupados por la creciente contaminación del aire, el agua, y demás elementos vitales de nuestro entorno, decidieron levantar su voz y hacer un frente común para revertir estos procesos de degradación ambiental.

Recordemos que en Génesis 1:28, Dios constituyó a los seres humanos como mayordomos de su creación cuando dijo “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” Desde esta perspectiva y después de estos 50 años de que la humanidad decidió hacer un esfuerzo para preservar nuestro ambiente, es constructivo reflexionar sobre nuestro planeta y sobre todo, en nuestro rol como mayordomos de este.

Basta hacer un poco de investigación para darnos cuenta de que, a pesar de los esfuerzos de la sociedad civil y los gobiernos, nuestro planeta sigue en un proceso de degradación continua, que pareciera no tener límite.

La calidad del aire que respiramos es cada vez más pobre, la atmósfera en algunas de las grandes ciudades, está tan contaminada que por las noches es casi imposible apreciar el cielo estrellado. El agua, aun cuando sigue cumpliendo el ciclo establecido por Dios, y al cual se hace referencia en Job 36:27–28, está cada vez más contaminada, de tal forma que debemos recurrir a la tecnología para purificarla. Diversas especies animales están en peligro de extinción, pareciera incluso que la pandemia de COVID-19 que hoy como humanidad enfrentamos, está asociada con la destrucción de la biodiversidad, debido a que el ser humano, que fue llamado a ser su mayordomo, se ha convertido en su peor depredador. Sumado a esto, el calentamiento global es un fantasma silencioso que acecha al planeta entero, y que realmente puede tener nefastas consecuencias para todos los ecosistemas terrestres.

Es motivo de reflexión el saber que en estos días, cuando gran parte de la población está en cuarentena por la amenaza del COVID-19, en varias partes de México y del mundo, se ha observado una sensible baja en los índice de contaminación atmosférica, así como en los niveles de ruido que causan altos niveles de estrés. Se han observado también algunas especies volviendo a sus hábitats, de los cuales el hombre un día las despojó.

Recordemos que el mensaje del primer ángel en Apocalipsis 14:7, nos llama a proclamar a Dios como el Creador, por tanto, si hay un pueblo que tiene el deber de ser un referente en la lucha por la preservación de nuestro entorno, somos nosotros, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Por tanto, hoy, en medio de una sociedad postmodernista, que se ha convertido en la peor depredadora de su entorno y que hoy está atemorizada por las consecuencias de sus mismas acciones, debemos traer un mensaje de esperanza basado en Aquél que prometió establecer “un cielo nuevo y una tierra nueva” y cuyo regreso está a las puertas.


...Entrada escrita por Luciano González, PhD, Director del Instituto de Investigación en Geociencia para la División Interamericana con base en la UniMontemorelos