¡Y Dios me concedió una familia multicultural!

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Kelly Ble con su esposo y pequeña hija.

Mi vida estaba por cambiar y yo no lo sabía… ese lunes fui como de costumbre a la asamblea que se realiza en la Universidad de Montemorelos cada fin de mes, con todos los alumnos y personal, sin saber lo que me esperaba. Yo estaba pensando en mis tareas y proyectos de la semana cuando de repente un anuncio llamó mi atención, el rector de la universidad junto con el director del Instituto de Idiomas, abrieron la invitación a estudiantes para participar en un proyecto de vender literatura cristiana y de estilo de vida en el país de Líbano. Proyectaron el mapa y la ubicación del país y mencionaron los requisitos: hablar inglés, haber participado como vendedor de la misma literatura en Estados Unidos y tomar una clase de árabe básico y cultural del país, en ese momento escuché en mi cabeza una voz que me dijo “vas a ir”.

Para ese momento, yo cursaba el cuarto semestre de la carrera de Enseñanza de las Ciencias Físico Matemáticas y ya tenía bien sembrada la semilla del sentido misionero que se planta en cada estudiante de la Universidad de Montemorelos. Todos esos programas de sábado de tarde en la Iglesia Universitaria, enfatizando la necesidad de compartir la Palabra de Dios en la ventana 10/40 (territorio que abarca la región del Sahara, el norte de África y casi toda Asia, donde hay muy poco acceso al mensaje cristiano) me habían llegado bien profundo sin darme cuenta; si bien siempre sentía admiración al ver lo que otros compañeros estaban haciendo alrededor del mundo, yo nunca había sentido un llamado tan directo y tan fuerte como ese día. Así que, después de tomar el curso básico de árabe, convencer a mi familia de que me dejaran ir y por supuesto, orar mucho, llegué hasta Líbano, donde tuve el privilegio de participar del proyecto durante los meses de junio a agosto del 2015.

Antes de ir, yo le había pedido a Dios que me ayudara a cubrir por lo menos el dinero de mis boletos de avión. En mi poca fe, mi pensamiento era “con que no quede a deber”… sin embargo, Dios me concedió lo que había pedido y ¡MUCHO MÁS! Para honra y gloria de Dios, mis ganancias fueron alrededor de $2,000 dólares, aproximadamente la misma cantidad que me había costado el transporte.

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Kelly Ble en su verano misionero en Líbano.

Cada día valió la pena, sentía tan hermoso al despertar y pensar que Dios me había dado la oportunidad de ser luz en medio de la oscuridad, una oscuridad que era evidente al hablar con personas que nunca habían oído el nombre de Jesús o que tenían una imagen distorsionada de él. Así que diariamente le pedía a Dios que me ayudara a sentirme satisfecha, aún si vendía un solo libro, porque yo sabía que un solo libro podría abrir los ojos de alguien. Vi cómo fui vendiendo libros, aún con el poco árabe que había memorizado para explicarlos, pero también pude comunicarme en inglés, ya que es un idioma muy hablado en ese territorio. Todos esos milagros ocurrieron entre los bellos paisajes libaneses y su gente cálida y hospitalaria.

Pero, ¿recuerdan que dije que Dios me dio mucho más de lo que había pedido en un inicio? En verdad fue así. No sólo me refería a las ganancias económicas… sino que ese verano también conocí al Pastor Fady, quien es hoy mi esposo. En la primavera del 2015, Fady llegó a la Universidad de Montemorelos para realizar sus estudios de dos maestrías, una en Relaciones Familiares y otra en Teología Pastoral. Terminó la segunda en el verano del 2019 y ¡ahora estamos de vuelta en Líbano! Mi esposo trabaja aquí como pastor de una iglesia local, colabora con un colegio de la iglesia adventista y ejerce otras funciones como parte del Ministerio de Vida familiar. Sin duda, agradezco a mi alma máter por haber puesto en mi el amor por la misión… por traer a estudiantes de países de la Ventana 10/40 para que se relacionen con nosotros y puedan platicarnos de la vida y las necesidades en sus países; y por esa invitación aquél lunes de asamblea, a vender literatura en Líbano, país que ahora es mi hogar y centro misionero.




Escrito por Kelly Ble, egresada de la Ciencias de la Educación con énfasis en enseñanza de las Ciencias Físico Matemáticas UniMontemorelos